Que la conciencia te apuñale

Autocrítica por Punk Medallo
Lejos de entrar en choques ideológicos, lejos -muy lejos- de pretender una homogenización del punk, esto que escribiremos a continuación es un llamado a la autocrítica de las bandas, organizadores, asistententes y oyentes del punk y del rock en Colombia.
Manizales Grita Rock es el ejemplo que traemos a colación porque fue el evento más reciente y del que ahora tenemos una opinión clara para expresar. Sin embargo, hacemos un llamado a los organizadores de este tipo de eventos y a las bandas participantes de ellos que en Colombia son muchos: Altavoz, Rock al Parque, entre otros, para que no pierdan el sentido común; porque de eso se trata ,de SENTIDO COMÚN para darse cuenta del caracter innecesario y agresor de algunas medidas (desmedidas).
Al punk, más aún, al rockero en general, aún -más aún-, al ser humano no lo hace delicuente el mero hecho de oír un tipo de música -tampoco queremos entrar en el dilema de qué es o no un delincuente-. Pero sabemos, por puro sentido común, que los cordones de seguridad utilizados para el control de la entrada a los eventos con apoyo de las alcaldías municipales, es usada sólo para grupos de sospechosos… ¡qué digo sospechos! ¡De casi culpables!
En el Manizales Grita Rock versión 2010, hubo un exceso (ABSURDO) de fuerza pública en la entrada, hubo un exceso (ABSURDO) de requisa, hubo un exceso (ABSURDO) de autoridad… y más aún, hubo un exceso –más triste todavía- de silencio por parte de los organizadores y de las bandas invitadas que si hoy no lo son, algún día fueron punkeros.
¿Quiénes creen que somos? No somos más que nadie, pero tampoco somos menos. No hay razón concreta para que haya 3 cordones de seguridad como los hubo, para que haya excesiva requisa como la que hubo. Tan excesiva que raya en la ridiculez y en lo absurdo de lo sinsentido. La cárcel de máxima seguridad de Itagüí (Medellín), donde estuvieron presos los etnocidas acérrimos de las AUC acusados de cometer crímenes de lesa humanidad, exige menos requisas para acceder a ella que las que hubo a la entrada del Parque Los Yarumos el día sabado 14 de agosto de 2010. Incomparablemente faltó solo la requisa invasiva del tacto genital… Y eso que no íbamos a ver a Don Berna ni a Mancuso; asistíamos a un concierto de las bandas con cuyo mensaje nos identificamos… ¿eso nos hace sospechosos de cuál delito? ¿De ser nosotros mismos, acaso? “Para que haya una requisa se exige que haya motivos suficientes para presumir que una persona guarda en su cuerpo cosas relacionadas con un delito”.
Muchos estarán pensando “si no les gustó, entonces no vuelvan” y por ahí derecho nos estarán mandando pa’ la mierda. Ese facilismo de ignorar las cosas nos tiene sin cuidado porque nuestra voz es la de todos los que tienen que regresar a sus casas sin chapas en las correas, sin cordones, sin correas de taches, sin manillas de taches, sin cualquier pertenencia que pueda representar un arma para los paranóicos que las quitan a la entrada… ¡ojo que como van las cosas dentro de poco habrá que entrar en pelota!… Y aunque los que escribimos esto dejemos de asistir, los abusos en ese sentido seguirán existiendo contra todos, pues se trata de un problema de percepción y es cada rockero el llamado a frenarlo.
El punk, desde su estética, véase o no cliché – eso no lo discutiremos tampoco-, es la expresión de un individuo que tiene todo el derecho de asistir a los conciertos que lo convoquen… y si él desea manifestarlo con manillas “raras”, correas “raras”, camisas “raras”, accesorios “raros”, no debe ser tratado como sospechoso por ello… al menos hasta que se demuestre lo contrario.
Y aquí la realidad es otra: Todo individuo es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Por eso es que en las fronteras tenemos que demostrar que no debemos nada a la justicia colombiana para poder salir del país, es decir, que somos sospechosos de muchos crímines –casi culpables- hasta que presentemos nuestros “pasado judicial” que nos declare inocentes. Para algunos eventos, la regla se aplica también. El exceso absurdo-ridículo-sinsentido de control en la entrada del Manizales Grita Rock, en particular, fue una muestra de ello… somos sospechosos de portar un arma sólo por la pinta o por la música que nos convoca pues nos esculcaron hasta dentro de los calzones. Ser rockero equivale a ser sospechosos hasta que la requisa absurda-ridícula-sinsentido demuestre lo contrario. CULPABLES DE INTENTO DE SOSPECHA, como decía un viejo amigo.
Conscientes de que estos espacios son casi los únicos que permiten ver en escena a algunas bandas internacionales por los altos costos de financiación que asumen las alcaldías a través de la excelente gestión de los organizadores que se preocupan por hacer hasta lo imposible en pro de la cultura rockera, y que estos eventos otorgan a las bandas locales proyección internacional, reconocemos el trabajo desmezurado de los organizadores que meten el culo por estos espectáculos y se desbocan porque salga todo bien. También sabemos que las alcaldías exigen unas medidas para que haya un evento seguro. Pero lo más seguro –y eso lo sabemos todos- no es donde hayan más policias. En Medellín anuncian cada tres meses un aumento exagerado de efectivos (¿?) de la policía y cada tres meses aumentan los homicidios en un 54%.
Sabemos que los mismos organizadores fueron o son todavía punkeros, rockeros, metaleros… sabemos que las bandas que participan también lo son. Por eso, el equipo de Punk Medallo hace un llamado tanto a organizadores como a bandas partipantes (que poseen voz y voto con las alcaldías) para que en su condición de rockeros, reconozcan a los asistentes potenciales de sus eventos, que tanto bandas como organizadores conocen, porque son ellos mismos también. Y que los defiendan ante la mirada de las administraciones locales como jóvenes rockeros que como todo ser humano tiene derechos que no deben ser vulnerados (el de la privacidad y si es sospechoso goza del principio de presunción de inocencia). De no hacerlo, estarían legitimando el desconocimiento de las culturas urbanas a las que ellos mismos pertencen, estarían desconociendo sus propios derechos.
Accidentes pasan, peleas mucho más, pero el número de policías no tiene una relación directa en la disminución de ellos. Que tengan que haber un número determinado de policías (pocos) para que la alcaldía otorgue los permisos y el dinero necesario, es admisible. Lo que es inadmisible es que las requisas sean tan absurdamente exhaustivas e invasoras. Y es inaudito también que sean tantos los policías en las entradas… si todos esos policías no tienen nada qué hacer que hagan como hacen las empresas capitalistamente salvajes que tanto protegen contra protestas sindicales: despidos masivos es la solución.
Y está en manos de los organizadores y de las bandas partipantes lograr que las alcaldías reconozcan que los asistentes son jóvenes que van a este tipo de conciertos por mantenerse al margen de las hostilidades y de los abusos del conflicto armado en los barrios, o porque les gustan las bandas o porque “los conciertos son una forma de apropiarse de lo urbano y convertirlo en escenario musical. Lograr hacer de un espacio vacío un entramado social imbricado de concepciones frente a la vida, la sociedad, el país, la política, el mundo”, como dice Andrea Restrepo guitarrista de Polikarpa & sus viciosas… Jóvenes que no merecemos ser tratados como sospechosos.
Tanto bandas como organizadores de este tipo de eventos son casi los voceros de los rockeros frente a las alcaldías. Porque son ellos a mismos a quienes están representando.
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Sin miedo de mirar la bellez(A) desnud(A), ni de encarar la re(A)liz(A)ción de mi espíritu -y el vuestro-. Libre de la hipocresía del puritanismo

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